Desconfinamiento en Barcelona

Barcelona no parece la misma. Está aletargada, resurgiendo de un sueño que la dejó desértica y aislada. La gran ciudad se cerró a cal y canto por orden gubernamental y desaparecieron de sus calles sus ciudadanos, turistas y también vagabundos. Ahora, despierta poco a poco y van abriendo sus comercios , bares y restaurantes.

La ciudad está en calma. Parece el día siguiente a una gran borrachera de gente y bullicio, cuando todo el mundo está durmiendo y solo unos pocos se despiertan por la mañana con cierto dolor de cabeza y el espíritu calmo, después de una catarsis de excesos. Porque eso es lo que le ha estado pasando a Barcelona estos últimos años: exceso de turismo y complacencia en sí misma que ha conllevado un alza de precios en servicios y vivienda, una masificación en monumentos y calles comerciales, y un abandono del comercio de proximidad  a favor de las grandes superficies y centros comerciales. Un abandono del gobierno municipal dejando que desaparecieran negocios centenarios: droguerías, ferreterías, confiterías, zapateros, modistas, ultramarinos… y dando licencia a bares, restaurantes y tiendas de souvenirs o de moda barata que alimentan a ese turismo que fagotiza la ciudad. O también , dando licencia a tiendas de superlujo para turistas millonarios que llegan a Barcelona en grandes cruceros, que arrasan y se van.

Estos días la ciudad se despierta de ese sueño y los que caminamos por ella estamos felices de que se vayan abriendo los negocios con calma, que se pueda andar tranquilamente por la ciudad, sin aglomeraciones y turistas que te pisen los talones. Que se respire aire puro porque se ha contaminado menos  y han florecido los jardines y los parques gracias a una lluvia abundante que ha converido al verde en uno de los protagonistas de Barcelona.

No necesitamos tanto turismo fagocitador, queremos una ciudad para sus ciudadanos, para sus habitantes,  con buenos servicios pero , al mismo tiempo, con austeridad. Así me gusta Barcelona: limpia, verde y transparente.

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